REPÚBLICA

 

COMPROMISO PARA INSTAURAR LA DEMOCRACIA.

MANIFIESTO POR LA III REPUBLICA ESPAÑOLA  

 

              Los ciudadanos y ciudadanas, comprometidos con los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, la solemne Declaración de Derechos Humanos de 1948, los Tratados Internacionales que, al desarrollarla, la hacen vinculante para los Estados  que se adhieren, y animados por los imperativos de conciencia democrática dimanados de la mejor cultura humanista europea, hacemos saber: Procedemos de tres momentos históricos distintos, de tres experiencias diversas, de tres reflexiones personales sobre la realidad que tenemos ante nosotros y que nos produce, además de rechazo, la firme decisión de aunar voluntades para cambiarla. Anunciamos y proponemos el inicio de un Proceso Constituyente, de carácter republicano, a cargo del conjunto de la sociedad española y de los Pueblos que configuran su Estado. No hay proyecto político con garantía de solvencia y respaldo si no ha sido gestado, de manera consciente, por quienes detentan la Soberanía y la Legitimidad para hacerlo. Y al difundir, para someter a discusión pública este proyecto, subrayamos que hemos escogido deliberada e intencionadamente la fecha del XXV aniversario de la Constitución vigente. Con ello queremos resaltar que el restablecimiento de la Legitimidad republicana debelada en 1936, se hace más necesario ante la evidencia del fracaso de la llamada Transición para desarrollar y aplicar una Democracia y un Estado de Derecho dignos de tal nombre. Somos aquellos y aquellas que por vivencias personales y hondas convicciones republicanas,-mantenidas en la adversidad, no pueden olvidar ni renegar del único momento histórico en el que el pueblo español fue protagonista de una ruptura democrática: la II República española.

 El acervo político de la cultura republicana: Laicidad, Federalismo, Separación de Poderes, Cultura de Paz y preeminencia de la Ética Civil, son legados imperecederos. Somos aquellas y aquellos que, con mayor o menor grado de compromiso y riesgo, ejercimos durante la Dictadura liberticida una constante oposición en nombre de la fidelidad republicana y de la Democracia futura. En el centro de nuestras aspiraciones, en el eje de nuestras propuestas alternativas, en la raíz de nuestros sentimientos más profundos siguen anclados, desde entonces, la apuesta por la República como la forma de Estado que, emanada directa y claramente de la voluntad popular, tuvo en Abril de 1931 su última manifestación. Y junto a ello, opera también en nosotros, el rechazo a la dinastía regia expulsada de España en dos ocasiones.

 La Transición fue el alambique en el que se destilaron miedos, prudencias, ingenuidades, pactos, injerencias, traiciones y ruindades. La Monarquía ilegítima e impuesta por el dictador fue aceptada -con muchas excepciones- y se superó el trance pensando en las bondades de la Constitución futura. Hemos llegado a la conclusión de que se ayudó a una Restauración alfonsina con casi semejantes características que la de 1876. La reflexión serena acerca del acontecer de estos últimos 25 años, avala nuestra conclusión. Somos también aquellos y aquellas que nos manifestamos constantemente, en medio de un mar de banderas republicanas, para combatir problemas viejos y los que se derivan, tanto de las guerras de agresión como de la Globalización Capitalista. Somos  unas generaciones que no han conocido la República ni  la dictadura fascista.

 Pero hemos intuido que el ideal republicano, por su  radicalidad democrática, es una pieza clave en la respuesta, desde el Estado español, al orden económico, social, político, ideológico y cultural que combatimos. Es urgente la respuesta a esta situación de involución en la Democracia y las Libertades y de retroceso en las conquistas sociales. Es perentoria la acción contra la creciente brecha que separa el Primer Mundo del resto del planeta. Y los ejes de actuación social, política y cultural deben ubicarse en territorios concretos, con propuestas concretas y con capacidad de generar, por su propia dinámica, mayor consenso y apoyo.

        

  Para nosotras y nosotros la ruptura democrática previa a la III República española es un proceso de creación de redes ciudadanas  en el que los valores republicanos, anteriormente subrayados, se incardinen en una actitud personal y colectiva de ejercicio consecuente de Derechos y Deberes. Por ello nuestra propuesta de Proceso Constituyente Republicano debe ir, indisolublemente ligada, a una serie de compromisos y líneas programáticas que desarrollen consecuentemente las tres generaciones de Derechos Humanos para todas las personas que habitan o puedan habitar en el territorio de la República, sin distinción de sexo, raza, religión o diversidad étnica. Nos ligamos consecuentemente al artículo sexto de la Constitución republicana de 1931: “ España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional” y también a las decisiones de entidades y organismos internacionales coincidentes con su espíritu y letra.

         La III República española, como expresión institucional de una sociedad que regenera la Ética, la Política y los Valores Cívicos, asume consecuentemente los Derechos Humanos y defiende las Libertades, debe fijar con precisión, en su futura Constitución, los mecanismos de decisión y control público e institucional  que garanticen su existencia y ejercicio.

          Los ciudadanos y ciudadanas abajo firmantes nos consideramos moral y políticamente desvinculados de la Constitución monárquica de 1.978. Para cualquier circunstancia que nos obligue a posicionarnos, mediante juramento o promesa, usaremos la fórmula de “por imperativo legal”.

 

 ¡ VIVA LA III REPÚBLICA ESPAÑOLA!

CÁCERES

MANIFIESTO DE IU POR LA REPÚBLICA, FEDERALISMO, SOCIALISMO

 

 

El próximo año se conmemora el 75º aniversario de la proclamación de la II República.

Nuestra obligación moral, científica y política es recordar el papel de los demócratas, del

movimiento obrero y de la izquierda, recuperando la memoria histórica de rebeldía política y

lucha social de nuestros pueblos. Es una obligación respecto al pasado: es el reconocimiento

de un período de apertura democrática, de compromiso social y de voluntad de construir una

España próspera y plural. Pero es también un compromiso respecto al presente y al futuro: es

reivindicar que los valores que construyeron la España siguen siendo plenamente vigentes

hoy también.

Frente al oscurantismo, la voluntad de los poderes reales de esos días de mantener a España

sojuzgada, sometida y en la oscuridad, la República ha sido tradicionalmente la lucha por la

democracia, las libertades, los derechos económico-sociales y autogobierno para las

nacionalidades y regiones

Antonio Machado, fue uno de los republicanos que en ese día izaron la bandera republicana,

en el Ayuntamiento de Segovia. Escribe en un artículo publicado en el 37:

Fue un día profundamente alegre —muchos que ya éramos viejos no recordábamos otro

más alegre—, un día maravilloso en que la naturaleza y la historia parecían fundirse para

vibrar juntas en el alma de los poetas y en los labios de los niños. La República había venido

por sus cabales, de un modo perfecto, como resultado de unas elecciones...Desde aquel día

—no sé si vivido o soñado— hasta el día de hoy, en que vivimos demasiado despiertos y nada

soñadores, han transcurrido seis años repletos de realidades...yo los resumiría con unas

pocas palabras. Unos cuantos hombres honrados tuvieron la insólita y genial ocurrencia de

legislar atenidos a normas estrictamente morales, de gobernar en el sentido esencial de la

historia, que es el del porvenir. ...”

La defensa de la II República fue también un baluarte de la Humanidad, angustiada por el

avance del fascismo. La ayuda espontánea, generosa y desinteresada de las Brigadas

Internacionales es todavía un ejemplo que invita a la construcción de un nuevo

internacionalismo civil, humanista y solidario.

Han pasado 75 años, pero en el corazón de la ciudadanía, todas las primaveras siguen siendo

aquella primavera.

Hoy, el pensamiento republicano sale del ostracismo al que fue sometido durante mucho

tiempo en España. Son muchas las gentes que se sienten republicanos y, significativamente,

muchos jóvenes. La ruptura traumática mediante Golpe de Estado de la II República, la

Dictadura y posteriormente, la Transición Democrática y sus consensos obligados, hicieron

que el republicanismo, como pensamiento político, quedará como un elemento residual de

nuestra tradición política. Así se escribe la historia. Podemos compartir que la Monarquía

contribuyó de manera importante al proceso de democratización, pero adolece de un grave

problema de origen: fue elegido por el propio dictador como su sucesor. Y por encima de eso,

la restauración monárquica impidió el debate democrático sobre nuestra forma de Estado.

Para Izquierda Unida la conmemoración de la proclamación de la II República Española tiene

un doble objetivo: de un lado reivindicar la memoria histórica democrática y socialista de

nuestro pueblo y de otro, reafirmar la vocación democrático-republicana estrechamente unida

al federalismo político y al socialismo. No se trata de una simple nostalgia o de la repetición

ritual de consignas desligadas de una práctica política real, sino la expresión de un

convencimiento profundo: en la España de hoy, el régimen republicano es la mejor garantía

para la defensa de los derechos y libertades democráticas, instrumento imprescindible para

asegurar el autogobierno de los diversos pueblos que componen nuestro Estado y medio para

superar los límites que la economía capitalista impone al desarrollo efectivo de los derechos

sociales.

La lucha por la República es un modo de materializar nuestro convencimiento por otro mundo

posible. Nuestro compromiso alternativo y transformador, nuestra voluntad de cambiar este

sistema, encuentra en el republicanismo una expresión política concreta.

Algunos pensarán que mejor dejar las cosas como están, que no merece la pena reformar la

Constitución para tan pocos beneficios prácticos; ya que el Rey es un figura meramente

representativa. Con el mismo argumento de comodidad podríamos decir que las elecciones se

celebrasen cada ocho años o quizás sólo una vez. El cuestionamiento monárquico parte de un

cuestionamiento de principios, de radicalidad democrática. En un sistema monárquico, como

el que establece la Constitución española, el acceso al desempeño de la Jefatura del Estado

se somete a unas normas de carácter excepcional, no sólo distintas sino incluso contrarias a

las que se establecen para el resto de los cargos públicos. Así, se trata de un cargo que no

está abierto en principio a todos los ciudadanos, sino solamente a algunos de ellos, y el

acceso no se hace ni en virtud de mérito y capacidad ni en virtud de un mandato popular. Por

otro lado, el desempeño es vitalicio, en contra de la norma implícita en nuestro sistema

constitucional de que los cargos públicos tienen una duración limitada. En suma, estamos a

favor de la forma de gobierno republicana. A veces lo más sencillo, lo más concreto y lo más

lógico se convierte en lo más trasgresor.

Lo republicano no se agota con el cuestionamiento de lo monárquico. Esto sólo es una parte

del todo. Puede haber, y los hay, sistemas donde el Jefe de Estado es elegido formalmente

por el pueblo y sin embargo, su organización está viciada en términos democráticos. El poder

no debe ser ajeno al ciudadano y éste se debe organizar democráticamente.

La cultura republicana enlaza con lo más innovador de nuestra sociedad actual: la

impugnación a nuestro actual modelo social que secuestra lo político a los ciudadanos. Trata

de situar al ciudadano como centro de la acción política. De reactivar socialmente a la

ciudadanía para que participe en los procesos de interés general. La democracia vive una

crisis profunda. Es preciso evitar el cada día más palpable divorcio entre política y ciudadanía

que no solo cuestiona a las instituciones sino a la misma organización democrática de nuestra

sociedad. Los conflictos sociales que emergen tienen dificultades para poder ser canalizados

y expresados en la actual organización política. Es preciso establecer un nuevo renacimiento

de la democracia. Un nuevo Renacimiento cuyo fin es la repolitización de la sociedad.

Por todo ello, Izquierda Unida, llama al conjunto de los hombres y mujeres de izquierdas, a las

y los demócratas, a defender la memoria -viva en tantas generaciones- de los valores

republicanos, a rechazar con firmeza las diversas maniobras que pretenden denigrar la

realidad de lo que fue la II República Española y a propiciar una estrategia común con el

objetivo de conquistar la III República.

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